La mujer y el hombre soñaban que Dios los estaba soñando.
Dios los soñaba mientras cantaba y agitaba sus maracas, envuelto en humo de tabaco, y se sentía feliz y también estremecido por la duda y el misterio.
Los indios makiritare saben que si Dios sueña con comida, fructifica y da de comer. Si Dios sueña con la vida, nace y da nacimiento.
La mujer y el hombre soñaban que en el sueño de Dios aparecía un gran huevo brillante. Dentro del huevo, ellos cantaban y bailaban y armaban mucho alboroto, porque estaban locos de ganas de nacer. Soñaban que en el sueño de Dios la alegría era más fuerte que la duda y el misterio; y Dios, soñando, los creaba, y cantando decía:
—Rompo este huevo y nace la mujer y nace el hombre. Y juntos vivirán y morirán. Pero nacerán nuevamente. Nacerán y volverán a morir y otra vez nacerán. Y nunca más dejarán de nacer, porque la muerte es mentira.
Zon del Sur
domingo, 29 de mayo de 2011
Ventana sobre una mujer
Esa mujer es una casa secreta.
En sus rincones, guarda voces y esconde fantasmas. En las noches de invierno, humea.
Quien en ella entra, dicen, nunca más sale.
Yo atravieso el hondo foso que la rodea.
En esa casa seré habitado. En ella me espera el vino que me beberá.
Muy suavemente golpeo a la puerta, y espero.
En sus rincones, guarda voces y esconde fantasmas. En las noches de invierno, humea.
Quien en ella entra, dicen, nunca más sale.
Yo atravieso el hondo foso que la rodea.
En esa casa seré habitado. En ella me espera el vino que me beberá.
Muy suavemente golpeo a la puerta, y espero.
Donde ella estaba ocurria el verano. E. Galeano
"...Mira la lapicera entre los dedos, la necesidad de escribir algo, el papel en blanco, la impotencia de escribir algo, el capuchón de la lapicera mordisqueado por alguien que se llamaba Lucía. (La lluvia sonaba como un trote contínuo de caballos y hacían el amor hasta que los recogían con un cucharón y después les dolían los huesos por tres días. Lucía esperaba, apoyada en el tronco de una acacia, con medias marrones hasta las rodillas, medias de chiquilina de liceo, y un collar de piolines de colores anudados para acordarse de las cosas. Lucía se alejaba, corriendo, en la neblina. Lucía se disculpaba: "Yo no lloro nunca. Por deshidratada. Porque nunca tomo agua".)
Este hombre desliza la lengua por detrás de sus dientes resecos y piensa en aquel estado de gracia con Lucía, más contagioso que cualquier enfermedad, y en aquella secreta manera de conocer los acontecimientos todavía no acontecidos: aquella capacidad que tenían para recordar de antemano las horas y los días que les iban a venir, cuando estaban juntos y eran invencibles."
Vagamundo y otros relatos
Este hombre desliza la lengua por detrás de sus dientes resecos y piensa en aquel estado de gracia con Lucía, más contagioso que cualquier enfermedad, y en aquella secreta manera de conocer los acontecimientos todavía no acontecidos: aquella capacidad que tenían para recordar de antemano las horas y los días que les iban a venir, cuando estaban juntos y eran invencibles."
Vagamundo y otros relatos
Carpe Diem
sólo el misterio busca compañía.
Busca... su alianza cruel con la ignorancia real
del deseo,
y de las cosas que por únicas
repite el carpe diem del deseo,
yo hablé
yo soñé
algo que no quiere adherirse
ni al secreto de sí mismo,
ni a la comparación que se rehúsa a cada forma todavía
Cree que el bigote del gato egipcio
es la comparación.
sus bigotes de alcanfor que saben del equilibrio
más que su distante armonía.
Cuando yo balbucía y eras un hombre más pequeño,
tu voz más disonante más fiel a su secreto,
y la alegría de las formas se ofrecía a su indistinción.
Pero líbrame de las injurias fáciles,
de los fáciles fantasmas que confunden todavía
mi inocencia con mi frivolidad,
mi sexualidad ambigua y contenida
con un modo excesivo del impudor.
...descontentos con mi apuesta a volver
al murmullo de las ranas, a querer oír otra vez
el impulso de las ranas en su verdad,
en su mensaje de reclamo al viento,
a la insinuación.
Y que me libere de los que descreen
de mi creencia en ese grillo, en ese bazar,
abierto no sobre el lenguaje sino
sobre su vestigio en mí.
Que el deseo de los cuerpos hermosos
entrevistos en la calle Stegmann
no se duerma todavía,
ni el derecho a la blasfemia incoherente
amenaza indecente a quienes miran.
Al misterio.
Otra vez al misterio
de la dolorosa insistencia
del misterio.
Inocente
Busca... su alianza cruel con la ignorancia real
del deseo,
y de las cosas que por únicas
repite el carpe diem del deseo,
yo hablé
yo soñé
algo que no quiere adherirse
ni al secreto de sí mismo,
ni a la comparación que se rehúsa a cada forma todavía
Cree que el bigote del gato egipcio
es la comparación.
sus bigotes de alcanfor que saben del equilibrio
más que su distante armonía.
Cuando yo balbucía y eras un hombre más pequeño,
tu voz más disonante más fiel a su secreto,
y la alegría de las formas se ofrecía a su indistinción.
Pero líbrame de las injurias fáciles,
de los fáciles fantasmas que confunden todavía
mi inocencia con mi frivolidad,
mi sexualidad ambigua y contenida
con un modo excesivo del impudor.
...descontentos con mi apuesta a volver
al murmullo de las ranas, a querer oír otra vez
el impulso de las ranas en su verdad,
en su mensaje de reclamo al viento,
a la insinuación.
Y que me libere de los que descreen
de mi creencia en ese grillo, en ese bazar,
abierto no sobre el lenguaje sino
sobre su vestigio en mí.
Que el deseo de los cuerpos hermosos
entrevistos en la calle Stegmann
no se duerma todavía,
ni el derecho a la blasfemia incoherente
amenaza indecente a quienes miran.
Al misterio.
Otra vez al misterio
de la dolorosa insistencia
del misterio.
Inocente
Piel
gajos de mandarina despellejados
me convidás
y muerdo la fruta
y siento el frío de la fruta
y el cuadro es la luz
que llega por tus ojos
y trago
y vuelvo a vos
y me inclino en tu mano
que huele cítrica
y tu voz
corta dulcemente el silencio
para decir sonriente
que así es mejor
que la piel
también se quita
me convidás
y muerdo la fruta
y siento el frío de la fruta
y el cuadro es la luz
que llega por tus ojos
y trago
y vuelvo a vos
y me inclino en tu mano
que huele cítrica
y tu voz
corta dulcemente el silencio
para decir sonriente
que así es mejor
que la piel
también se quita
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